18 de noviembre de 2010

No volví a lavar aquella camiseta. Me olía a ti, a ese olor a tabaco que siempre estaba pero que te empeñabas a amortiguar con aquel perfume de "Hugo Boss". La escondí en el armario, y si no fuera tan jodidamente dependiente de ti y de tus encuentros casuales en las céntricas superficies comerciales de la capital; hubiera volado de la ventana al contenedor. Vale, no podía evitar quedarme parada delante de aquel escaparate cada vez que mis pies recorrían la Calle Preciados; y joder, si mis amigos conocieran un poco de música decente en castellano, me hubieran cantado eso de "¿se puede saber que esperas; que te mire y que te seque, que te vea y que se quede tomando la luna juntos?". No se de que me quejo si ya estaba mi cabeza ahí para recordarmelo, o mi iPod siempre tan oportuno. Era la primera vez que aquella canción sonaba del revés; y no, no quiero decir que Ivan Ferreiro la cantara de forma endemoniada hacia atrás... es que, joder, yo era la otra protagonista de la historia, la que paseaba por la playa (o en su defecto por la Gran Vía de la capital, que casualmente cumplía 100 años), llena de lluvia; y bueno, lo de que estuviera vacía... no puedo decir que lo estuviera, pero si que ya no me fijaba en nadie mas. Quería volverte a ver. Bueno, no lo quería. Lo deseaba de forma insana. Obsesiva, psicótica. Lo de haber follado contigo... disparó tal numero de hormonas que creía que me estaba volviendo una enferma. 
Y reapareciste el día menos esperado, en el sitio menos esperado. Vale que lo de esconder tu camiseta en el armario fue una maldita escusa para esconder que habíamos follado como si no hubiera un mañana; pero que llamaras a mi portero una noche de jueves mientras lloraba oliendo tu camiseta, era todo un acontecimiento típico de una película de amor y no de mi vida. 

1 de noviembre de 2010

SOMOS.

24 de octubre de 2010

*

Era algo que todos conocían y que yo me empeñaba en seguir negando. Me estaba enamorando de él. O, para que engañarnos, enamorando de esa idea suya que me había formado en la cabeza. De esa obsesión de pensar que era la persona que hacia tiempo estaba buscando. Esa idea me hacia creer que era el hombre perfecto. Llegué a creer que nadie se podía reír de la misma manera que lo hacia él; agachando la cabeza y arrugando las mejillas. Que nadie era capaz de bailar tan arrítmicamente como él, y por tanto, nadie mas me podría hacer reír de la misma manera en las noches en que salíamos a matar. Sin remedio, esa imagen en la que se había convertido su idea en mi cabeza, pasó a tomar cierto protagonismo en mis sueños. Sin remedio, comenzó a acompañarme en el colchón, haciéndome todo aquello que, como hombre perfecto, llevaba innato en la genética de aquella imagen que me había formado suya en la cabeza. Tenia claro que sabría planchar, poner la lavadora y cocinar comida con bechamel Me hubiera entregado en cuerpo y alma a aquella persona. Y como él tenia los mismos ojos negros, la misma sonrisa perfecta, la misma forma de hacerme de reír que aquella imagen que se paseaba a sus anchas por mi cabeza, comencé, no sin cierto temor, a entregarme en cuerpo y alma a alguien que no sabia planchar, se liaba con los botones de la lavadora, se alimentaba de hamburguesas de 1€ en los restaurantes de comida rápida, y cuando salia a matar, quería matar. Llamarme estúpida, ingenua... borracha que creyó la combinación de sueños que se formaban entre las pocas neuronas de su cabeza. 

19 de octubre de 2010

NIUNSOLODIASINMUSICA

Ayer comencé un proyecto por aquí. Es algo que consiste en tener una canción para cada día. Algo tan sencillo, se ha convertido en una idea con tanta fuerza como para que, después de darle muchas vueltas, haya sido engendro de un blog nuevo: http://niunsolodiasinmusica.blogspot.com/. Creo que este espacio ya esta poco definido como para mezclar tantos post sin mucho sentido entre si. Esta dirección se quedara para la muestra del arte de la escritura y la fotografía, y todo lo relacionado con la música pasara a ocupar espacio en la otra dirección. Si, esta dirección se seguirá actualizando como hasta el momento, cuando tenga algo que compartir. La pretensión de "Ni Un Solo Día Sin Música" es tener algo que contar o que cantar una vez al día. 
Fabian es la mejor manera que he encontrado para comenzar este nuevo proyecto. 
Gracias de antemano por pasaros por allí.

18 de octubre de 2010

#1


"Ella es un corazón enorme y yo
casi un niño y casi hombre caminando entre las calles.
Ella es la razón más urgente y yo
soy .. soy la mitad de alguien valiente si me faltan sus detalles."

things I have never told him.

Pedí café irlandés muy caliente para arañarme la garganta y que se me pasaran las ganas de gritarte y de echarte en cara que te fuiste hacia mas de mil doscientos días atrás, dejando de dar señales de vida. Si hubiera aprendido a odiar... no te hubiera sonreído entre los DVDs que nos rodeaban en aquella superficie comercial famosa y céntrica de la capital. Al final, despues de todo, las unicas palabras que me salieron fueron aquellas que hubiera pronunciado igual que si el dia anterior te hubiera visto; incluso fue como si aquella mañana hubiera despertado a tu lado. Y no. "Yo estoy esperando a que baje el precio, total, nunca me gustaron los finales...". Miraste otra vez la sexta temporada de aquella serie que habia terminado medio año atras y lo volviste a dejar en su sitio para despues atravesarme con tus ojos, tan negros que parecia que alli no habia vida. Siempre has sido experto en hacerme esperar, y por un momento, me asusté creyendo que no eras tu...al fin y al cabo, hacia tiempo que no recordaba tu sonrisa, tus rasgos y tu mirada, asi que, podía estar ligando con cualquier desconocido que se pareciera a ti. Otro mas."El unico final que no deberia gustarte es el nuestro, bueno, el de cada persona, el tuyo, el mio y el de todos aquellos que nos rodean cada día, que van y vienen mas allá de estas paredes, ya sabes como acaba, todos morimos... -Reflexionaste frunciendo el ceño- los demás finales no existen. Ya ves, estoy aqui, otra vez"; concluiste antes de sonreír. Es cierto que entre nosotros en ese momento se interponía la mesa de "novedades"; (entrecomillado, porque aquellos DVDs que habías sostenido unos instantes antes de darte cuenta de que era yo y que te estaba hablando a ti, habían salido dos meses atrás) pero  sentí que estábamos tan cerca que tuve miedo. Esa sensación que siempre aparece disfrazada; y esta vez lo hizo de una falsa (o no) alegría de un recuentro que ya me había cansado de esperar. "Te debo un cafe, un colacao o una cerveza", continuaste como si no hiciera falta que yo dijera nada. Y casi como una imposición tuya, que me llevaste a aquella cafeteria pequeña sin dejar de sonreirme; y a la vez imposición mia, que me pedi cafe irlandés muy caliente para arañarme la garganta y que se me pasaran las ganas de gritarte y de echarte en cara que te fuiste hacia mas de mil doscientos días atrás, dejando de dar señales de vida; acepté sin ninguna otra opción. Tienes que saber, que en todo ese tiempo viviendo mi vida sin ti, habia perdido la cuenta de las veces que pregunte a la nada: ¿por qué?; ¿donde estabas?; ¿cuando ibas a volver?; y siempre, otra vez ¿por qué?. Ahora estabas delante; podia haberte preguntado y haber obtenido alguna respuesta, aunque tratandose de ti... Tu eras experto en evitar las palabras. No recuerdo que ninguna vez me dijeras "te quiero", aunque es cierto que lo demostraste, y mucho mejor, que aquellos que durante esta vida sin ti, se han atrevido a pronunciarlo para luego decir que lo nuestro no funcionaba y que era mejor darnos un tiempo. O darnos horas para gastar en otras camas. Ya no recuerdo de que estaba hablando, y creo que tu tampoco eres capaz de recordar que yo hablara en algun momento de la conversacion. Te miraba, sonreia, y me sentia imbecil por momentos. Haberte re-enconcontrado asi, sin esperarlo, me habia asustado, estaba perdida, creia que la vida intentaba decirme algo y yo no supe reaccionar hasta que, un cafe irlandes después y dos cervezas, te dije que te echaba de menos. No mentia. Echaba de menos aquella manera tuya de hablar sin parar, cambiando de tema una y otra vez, acribillandome a preguntas y sin dejar tiempo a que te replicara "¿y tu?" despues de cada una. Acabamos cenando en una de las franquicias de uno de los restaurantes mas extendidos de la ciudad. Después de toda la tarde juntos, parte de la noche, un cafe irlandés y cuatro cervezas, el postre me sabia amargo. La única pregunta que te hice fue un "¿Ahora qué?" antes de subirme al autobus de vuelta a casa. Podria haber seguido hablando y completado la interrogacion con un "¿Ahora qué? ¿Te vas a volver a ir? ¿Vas a volver a desaparecer de mi vida como si nada?". No hacia falta, siempre fui chica de pocas palabras y aun tiemblo cuando pronunciaste la frase de tu guion. "Si te vas ahora, habré gastado todo mi tiempo hoy para nada. Llevo viajando a Madrid, al menos, cinco veces al año, y siempre he tenido esa intuicion de que te encontraria en cualquiera de sus calles. Siento no haber contestado ningun correo, siento no haberte llamado ninguna vez. Sabia que pasaria cuando tuviera que pasar, y cuando la vida nos pusiera uno enfrente del otro, a pesar de los años... del tiempo, de la distancia, nos besariamos como si no hubiera mañana. No quiero que te vayas a casa. Dejame que te invite a dormir." Tu, y tus malditas palabras de película siempre me atravesaban. Hacia frio, estaba acurrucada dentro de mi abrigo mirandote expectate, el conductor se nos quedo mirando por espacio de tres segundos inquisitivo antes de cerrar la puerta y partir. Nos quedamos solos en la parada de autobús, en una de las avenidas con mas trafico de la ciudad; los coches casi volaban a nuestro lado, cortaban el viento con rabia y rugidos del motor, pero todo nos era ajeno. Te acercaste mas, sonriendo, y me besaste, si, como si no hubiera mañana. Ahi, ya empece a creer que de un momento a otro me despertaría, yo estaria tumbada en mi cama, y tu... lejos. No sabría donde, pero estarías lejos. E incluso me asusté porque hacia tiempo que no soñaba contigo. También hacia tiempo que no soñaba algo tan... ¿real?, extraño y absurdo. Me perdí entre las sabanas del cuarto de invitados de casa de tu hermano; me perdí en cada uno de tus ángulos y en tus rectas. Gimiendome en el oído, acariciándome la espalda, apretándome los huesos contra tu piel, era como si el tiempo se hubiera disuelto en un momento. ¿Que narices estaba pasando?. El mundo se habia vuelto del revés. Si aquel mediodia no hubiera perdido el tren, hubiera llegado media hora antes a Madrid, hubiera comprado el filtro para el objetivo de la camara, y me hubiera ido de alli sin pasarme por la seccion de DVDs; o quizá me hubiera ido antes de allí al no encontrar nada que llamara mi atención y puede que me hubiera encontrado contigo en las escaleras, mientras tu subias, yo bajaba, y solo me hubieras parecido el reflejo de algo que ya no tenia. Si una semana atras no me hubiera fallado la tarjeta de credito, ya tendria mi filtro, y ese dia no me hubiera echo falta ir a Madrid, a aquella superficie comercial famosa y centrica de la capital. Creí, como pocas veces que la vida siempre nos llevaba a donde ella quería, y después de haberte llorado tantas noches, haberte buscado en abrazos que se te parecian, ahora estaba follando contigo, si, como si no hubiera mañana. Creo que tu hermano y tu cuñada pasaron la noche en vela expectantes de ver con quien habias entrado corriendo en la habitacion a altas horas de la madrugada. Se que estaban despiertos porque escuché ruido en el baño que teniamos pared con pared mientras tu fumabas en el balcón. Cuando te lo dije, sonreiste otra vez, como llevabas haciendo desde que sostenias aquel pack de DVDs horas atrás en aquella superficie famosa y céntrica de la capital. "Es la primera vez, de todas las veces que he venido, que he traido alguien aquí. Solo estarán debatiendo si seras tu o no". Ahora lo pienso, y te podría haber llamado "¡cabrón!" en aquel momento. No eras capaz de llamarme, ni de tan siquiera contestar a los correos; cosa que me llevo a pensar que habias eliminado aquella cuenta hotmail a la que le faltaban la mayoría de las vocales; y sin embargo, hablabas de mi con tu hermano en cada visita a Madrid. No recuerdo haberme quedado dormida en ningún momento, pero si se, que una de las veces que cerré los ojos y los volvi a abrir, ya no estabas a mi lado. La casa olía a café, y si algo faltó en aquel ambiente de domingo, es que aplaudieran cuando salí del dormitorio vestida con una de tus viejas camisetas. Digo que era vieja porque cuando vivías a solo diez minutos de mi casa, antes de que te fueras y no dieras señales de vida durante mas de mil doscientos días atrás, ya la vestías, y al verla alli, a los pies de la cama...no pude evitarlo. "Quedatela" me dijiste mientras nos vestíamos con cierta resignacion y melancolía después de un desayuno incómodo de no mas de diez minutos. Salimos a andar con la chaqueta puesta, y tu con la maleta en la mano. Me diste, que recuerde, doce abrazos y quince besos. Cinco de ellos, en la mejilla. Ya no podiamos ocultar lo que habia pasado la noche anterior, aunque en tus gestos, tu sonrisa cansada y tu mirada podía ver cierto aire de arrepentimiento. Puede que pensaras que me habías arrancado la inocencia, y no era así. Pero yo, chica de pocas palabras no fui capaz de decirte nada. Te fuiste sin decirme a donde, aunque ya lo hicieron los carteles con luces de neón por ti. Volvías a casa sin darme mas razón que dejarme alli, en la estación de autobuses con ganas de llorar, con ganas de gritar.   En los mas de mil doscientos días atrás en que te fuiste había aprendido a reconstruir los pedazos que dejaste de mi, y joder, creo que esta vez, entre los nervios, tus palabras de película y las sabanas en las que nos refugiamos de nuestras vidas, me quede sin nada...ni siquiera tenia las palabras adecuadas para explicar a Javier por que no había ido a dormir ese día a mi casa. Y, por si servia de algo, solo tenia aquella camiseta vieja que te había robado aquella mañana.

9 de octubre de 2010

Lennon.

70.
Nos dejó canciones. Himnos, en algunos casos. Maneras de vivir, y sobretodo de entender la vida. 
Sinceramente, creo que todo a su alrededor ahora es mito; toda una leyenda urbana de alguien que amó la música por encima de todo. Que amó la vida, y sobretodo la libertad. Y por mucho que duela, también amó a Yoko. 
Que triste es saber que todo lo que alguien tiene, sus sueños, sus ideales, se pueden ir a la mierda con tanta facilidad. 
No sé por que, pero sé, que si ahora el siguiera vivo, el mundo sería un poco mejor. Y aunque solo fuera un poco, me valdría. 
Lennon, mi Lennon.... 
Si todos los que ahora le idolatramos, en vez de comprar objetos con su rostro, camisetas y merchandising nos dedicáramos a predicar lo que el cantaba, o al menos, escucharlo mas de lo que hacemos, el mundo sería un poco mejor. 
Jesucristo del S.XX.

29 de septiembre de 2010

Nos vamos de festival.

28 de septiembre de 2010

Por mi y por todos mis compañeros.



Me he dejado la vida, la voz y el cariño en cada maleta, en cada lugar y en cada persona que me ha acompañado. Nunca me gustaron los días calurosos, ni la arena de la playa. Al final, he aprendido que ambas cosas son bonitas si estás al lado de las personas adecuadas, en el momento adecuado. Tampoco me gustó contar mi vida en un blog, más allá de las metáforas que guardo en esta dirección web etiquetadas siempre con un asterisco. 



Ciento doce días después de una noche en la que nos creímos los reyes de Madrid, de sus plazas y esa discoteca que tanto frecuentamos durante un curso, cuanto menos especial, me doy cuenta de que a veces mis dedos inquietos necesitan bailar sobre el teclado mientras que Sidecars canta cualquier cosa. Es cierto que ciento doce días atrás ni era verano aún, ni ahora es otoño; pero como en todo, no siempre las cosas son negras o blancas, son grises... aunque he de decir que si este verano ha tenido color, se aleja de todos esos matices. Rojo, verde, azul, amarillo, naranja o morado... cualquiera me sirve, total, somos demasiado daltónicos para diferenciar. 

No puedo decir que todo saliera como estaba previsto... Lo mejor de todo es que hemos aprendido a improvisar, y sí, puedo decir que las cosas sin planearlas salen mucho mejor. O simplemente salen. Los planes cayeron y nos creamos nuevos. ¿Cómo creéis que acabamos en el Rock in Rio viendo a Amy McDonnald, McFly, y a una Hanna Montana demasiado crecida para su edad?. ¿Suerte? Puede ser... Aunque mientras esa cria se restregaba por el escenario, la tierra me podía haber tragado en aquel mismo momento... ¡Qué vergüenza y desfachatez!. Las noches de rock siempre son largas y si no se llenan de alcohol, se llenan de abrazos, y es algo que no me ha faltado. Ni el rock, ni sus noches, ni los abrazos.






Nunca lo había sopesado, pero sí, en el verano en que España se hizo con la copa del mundo, yo he aprendido que, a pesar de ser algo hipócrita, el fútbol es sano... No puedo decir que sea capaz de convertirlo en una afición, pero, joder, qué bonito fue ver a la gente tan unida por algo. A nosotros tan unidos en cada casa en que vimos y sufrimos un partido, pintados, disfrazados... Tengo que agradecer a esos jugadores que, por el dinero o sólo por la ilusión, nos dieron tantas sonrisas. No voy a ser crítica, no ahora, simplemente fue bonito verlo y vivirlo... Celebrarlo.




Nunca me gustó viajar en autobús, y el segundo viaje más incómodo de todos los que he hecho en mis diecinueve años de vida (el peor de todos fue y será Santiago de Compostela-Madrid-Aranjuez), me llevó a una de las mejores semanas de todo el verano. ¡Qué curioso!. Después de soportar la mala organización de la huelga de Autorés, acabamos viajando apretados y de noche con un conductor malhumorado en asientos incómodos que no me dejaron dormir más de quince minutos seguidos... Cullera fue nuestro habitat. Desde entonces, no puedo ni oír hablar del "agua de valencia", los "chupitos de cerezas" o las cremas de after-sun las cuales se asemejaban a diversas sustancias corporales de las que prefiero no comentar nada. Pero si que sonrío al recordar lo felices que estábamos el primer día en la playa. Casi como niños que pisaban por primera vez el mar. Y como niños hacíamos castillos de arena en la misma orilla desafiando a la naturaleza. Sonrío con cada foto que quedó guardada, y con los momentos que nadie guarda más que aquellos que lo viven, y sí, uno de ellos fue esa boda entre Gertrudis y Gervarsia. Y las mañanas que no fuimos capaces de despertarnos para ver amanecer... Y jugar a las cartas si no es con trampas, ya no tiene gracia. 









Todo lo malo que tuvo el viaje de ida, pasó a ser agradable en el viaje de vuelta; con la camiseta de España puesta y la radio retransmitiendo cada movimiento de unos jugadores que nos habían dado un puñado de ilusión y de unión, llegué a Madrid con ganas suficientes de aprovechar el poco tiempo que tenía con mis amigos, deshacer una maleta y llenar otra. 





Benidorm, con sus guiris, su calor empalagoso, sus calles llenas, sus tiendas de souvenirs de precario gusto... me enseñó que soy feliz con poco y que si le añades algún reencuentro y sobretodo música; mucha música, aún incluso, podría decir que es un buen lugar. Al que he aborrecido, sí, pero que, al menos, guarda demasiados momentos, sonrisas, abrazos, como para borrarlo sin más. 








"Porque somos lo que hemos sido y lo que soñamos ser"; y a veces, eso nos lleva a viajar más en autobús. Más de lo que desearía en realidad. 
Con una maleta que rebosaba nervios y sueño, llegué a Marbella. Y aprendí a insultar en ruso, regañar en inglés y entenderme con niños de cualquier nacionalidad. Fue un lujo poder trabajar allí. Por el equipo de monitores, las horas en los sofás, las mañanas en la piscina, las tardes en la playa y cualquier otro momento que nos sirviera para reír. Como niños. Bailar. Como niños. Asustar, mojarnos, inventarnos letras de canciones... Incluso, al final, con cierta pena, y con cariño, tengo que decir que yo también me hubiera quedado el mes entero. Pero el tiempo pasa rápido, y los nervios y el sueño se quedó allí, puede que en la habitación o en cualquiera de los campos de fútbol o baloncesto. Me traje muchos recuerdos, de esos que por mucho que pase el tiempo, me van a seguir haciendo sonreír. Y más, ahora, que gasto parte de mi tiempo a terminar la memoria de esos quince días.





El Santiago Bernabeu nos arrastró de nuevo como un imán a Madrid. Y, tengo que decir, que lo echaba de menos. Quizá demasiado. 
Y había olvidado que lo que más vida me había dado trescientos sesenta y cinco días atrás era el teatro. Perder el tiempo en los ensayos, cada día, sin tiempo para cenar, pero con la alegría de encontrarme a la gente que más allá de los escenarios, las luces y los trajes me daban vida. Y que son amigos. Y aunque faltaban cuatro peregrinos importantes, en siete días (o alguno más), volvimos a estar juntos. Todos. Gastando el tiempo en Palacio, en "El Rinconcito", "El Sasakus" o cualquier otro lugar en el que, a pesar siempre del frío, merecía la pena estar, siempre que estuviéramos todos o la mayoría. Sí, estuvimos dos semanas perdiendo (o gastando) el tiempo juntos. Hacíamos que nuestra risa, que ya era una, no dejara de sonar desde el momento en que nos juntábamos hasta el final. Y lo echo de menos. Es lo más importante del Motín. Para mí, sois lo más importante del Motín. 





Y si, a veces las fiestas sorpresas, sorprenden. Hacen que alguien importante pase por la puerta con la boca abierta, y descubra a gente cocinando en su cocina e invadiendo todo el espacio vital de una casa recién estrenada. Y a quien ya no se le puede sorprender con la fiesta, se le sorprende con los regalos. Y con el cariño, los abrazos y los bailes de esa noche. Legendaria. (o chispazo); (o relámpago).






Y entre ensayos generales, conciertos imprevistos de Joaquín Sabina en el patio de lo que siempre fue mi colegio, comienzan lo único bueno que para mi tiene Aranjuez. Las fiestas del Motín. Con antorchas, carreras, amores, cubatas, borracheras, besos, perreos, risas, fotografías, cuerpos incapaces de levantarse de la cama, Imanol Arias y un apagón al final de una obra con mucho trabajo detrás y que dejó libre, por el momento a Godoy, y un mal sabor de boca; más abrazos, más sonrisas, churros y patatas siempre a las cinco de la mañana, cansancio, risas en la plaza de toros,
cenas interminables por culpa de camareros torpes, un concierto demasiado raro de Maldita Nerea (reyes de todas las fiestas locales del país), el descubrimiento de Ron Lalá (que se merecen un post a parte de todo esto), fuegos artificiales que nos hicieron temer por nuestra vida y una resaca que me repetía, mientras volvía a clase, que todo se acaba. Que el verano llegaba a su fin, y a mi no me quedaba ni voz para decir que fuisteis y sois una parte indispensable de mi. Que fui feliz con vosotros.











Y si el otro día cantamos con Jaula de Grillos que "nuestro verano fue sin duda el dos mil tres, sólo pienso en volver..."; el nuestro ha sido el dos mil diez... "RISAS, CONCIERTOS, RECUERDO AQUEL DOS MIL DIEZ".






(Esto lo tenía escrito hace un par de semanas. Ahora sí, es Otto.ño)

19 de septiembre de 2010

+ volver a empezar.

Hace dos semanas que mi garganta me dijo, ¡basta!. Pobre de mi, no la hice caso, y ahí sigue mi voz, yendo y viniendo cuando quiere y cuando no. Ya he guardado los pantalones cortos en el armario, tengo un carpeta nueva recién decorada y de lunes a viernes me vuelvo a despertar con el mismo sonido del móvil que hace cuatro meses. 
Vale, no soy supersticiosa, pero siempre hice caso a "renovarse o morir". Prometo a partir de ahora pasar más por aquí, convertir esto en mi pequeño rincón donde poder contar, enseñar y compartir todo lo que me gusta. 
Y sí, mis tres grandes aficiones, a pesar de que todo cambia, siguen siendo las mismas. 
Música, viajar y fotografía. 

9 de septiembre de 2010

tu que llegaste por casualidad+.

-No creo que llegaras, es que simplemente estabas. Estabas en el lugar y en el momento adecuado. A mi me gusta la fotografía porque ninguna foto es igual a otra. Siempre cambia el matiz, la saturación y hasta el movimiento de los objetos... Ninguna sonrisa es igual que otra, ni las nubes vuelven jamás a la misma posición. Incluso las manos tiemblan, la luz se amortigua dos segundos después... Y me gustan las personas porque nadie es igual que nadie. Quiero decir que aquel día en el parque había como mínimo, ochenta y dos muchachos. Más los cinco que se subieron al escenario. Pero tu no eras como los demás... tu estabas apartado, casi ausente, al lado de la barra y con una cerveza en las manos. No hablabas ni cantabas. Pero en el momento en que nuestros ojos se cruzaron, sonreíste. Y lo hiciste de una manera especial. Sin saberlo, me tranquilizaste. Yo estaba perdida... Llevaba mucho tiempo perdida. No, no es que no supiera donde estaba, era sólo que no sabía por qué estaba esa noche allí, sola, como tantas veces, y cuando te vi supe el porqué. Bueno, no, no lo supe, simplemente lo intuí. ¿Sabes? Yo tuve mis dudas. Quizás a los dos segundos de esa mirada que me atravesó apareciera alguien en mi cuadro de visión que te besara, te abrazara... Y me resigné. Sí, agaché la mirada para no verlo, por si a caso...como se solía decir. Agarré mi cámara y volví a lo mio. Capturar instantes. La gente me llama fotógrafa o reportera gráfica. No, yo me dedico a capturar momentos... luego ellos publican aquellas que creen oportunas. Siempre eligen las peores, creo. No sé de qué estaba hablando... ¡Ah. si!. "¿Por qué no usas un objetivo con distancia focal fija?", me susurraste. Ya no hubo remedio... Habías ido más allá de una leve sonrisa y mientras te enseñaba el otro objetivo que guardaba en la mochila, sabía que aquella noche no acabaría el reportaje para la revista local...

16 de agosto de 2010

Nadie cabe en un cajón.


-¿Qué quieres ser de mayor?.-Le preguntó él con insistencia.
-¿Qué más dará lo que yo quiera?.-Sonrió la niña con la mirada perdida. El hombre, con los ojos aún clavados en ella, se estremeció. Sonreía pícara, escondiendo las palabras detrás de unos dientes que a penas acababan de salir.- Voy a ser una caja de zapatos.-Lo dijo sin titubear un segundo; con la certeza de aquel que un día descubrió la gravedad.
-¿Una caja de zapatos?.-Preguntó escondiendo la duda de si reír o seguir tomando en serio a aquella niña que se había cruzado por casualidad hacía ya más de una semana de tardes calurosas en el parque donde se sentaba a escribir y a borrar.
Ella asintió.
-Voy a ser la caja de zapatos más bonita. Voy a estar llena de fotografías, de olores, de sabores... Y me voy a esconder debajo de la cama para que nadie me encuentre.

30 de julio de 2010

Nos creemos que somos los dueños de nuestros sueños y acabamos vendiendo los corazones descosidos en mercadillos de barrio. Nos hemos pasado la vida llenando maletas, y al final, cuando se vacían, paradójicamente, están llenas de recuerdos. A veces me gustaría encerrarme en una de ellas y vivir viajando en todos los maleteros de los autobuses, notando el asfalto en debajo de mi. He quemado la carretera, y tu me quemaste el corazón. Vivir rápido para no pensar, es solo una excusa de los cobardes que no se atrevieron nunca a ser felices. Y yo soy una de ellas, cobarde que duerme encerrada en las maletas sólo para que los sueños se mezclen con los recuerdos. Creo que defenitivamente, sólo somos dueños de las estupideces que llegamos a hacer para engañarnos y creernos que somos valientes. Con V de Vaso. Y la T de Tragos. Qué imbecil. Hoy me duele la espalda porque nunca fui lo suficientemente flexible como para caber dentro de una maleta, y por más que te lo creas, hay cosas que no se pueden cambiar. Creo que sólo me falta por coger una mochila y llenarla de descosidos que vender en el mercadillo del barrio.

3 de julio de 2010

Cerrado por vacaciones.

30 de junio de 2010

love is.

"¿Quién dedicará su tiempo a describir mi risa? a tientas te buscaré como buscan los escépticos una fe..."

26 de junio de 2010

lo que hemos vi(be)vido.


















Hace tiempo que aprendí que la música nos sirve. Para lo bueno y para lo malo, y la mejor manera que se me ocurrió para celebrar que España se clasificaba a los octavos en el mundial que nunca ganaremos, (al menos, yo no ganaré nada) fue con amigos y despistaos en el escenario.
Hace tiempo también aprendí que es demasiado fácil renegar de la música que escuchas o escuchaste, pero a la vez fui aprendiendo que es más sano el sentirte orgullosa de esos grupos que por muchos discos que pasen, y por muchos años que pasen, aún tienes ganas de escuchar. Y sobre todo, a pesar del tiempo, aún tienes ganas de ir a verlos, porque si otra cosa he aprendido en este tiempo de escenarios y rock, es que la música es lo que es cuando la sientes y vives en directo. Sinceramente, esos grupos han podido marcar más o menos, pueden ser más o menos famosos, pero lo que es cierto es que han crecido contigo y tu has crecido con ellos. Si, yo he crecido con Pereza, con El Canto del Loco y con Despistaos. Y lo bonito es que todo lo que hemos vivido y todo lo que hemos bebido, está anclado a sus canciones. Puede que en el iPod no suenen cada día, esas melodías, esas letras, esos acordes. Puede que te olvides de ellos durante meses, pero es inevitable que alguna palabra no te recuerde a ellos. Y sobretodo, es inevitable que cada vez que suenen, cantes, te desgarres la voz (yo hoy estoy afónica) y sonrías. Porque esa canción sonó hace años cuando a ti.... cuando a ti te gustaba ese chico. Cuando tu.... cuando tu tenías ganas de salir y gritar ¡ponme de beber!... cuando prometiste que tu....que tu siempre estarás ahí. Y así, alrededor de veinticinco canciones ayer te recordaron que los años han pasado, y ellos siempre han estado. Y otras tantas te recordaron que quedan despistaos para rato, y que "cuando empieza lo mejor", es uno de los mejores discos del 2010, y que dentro guarda abrazos y fotos de los borrachos más adorables del mundo, porque a ti te apetece vivir una gira más despistada que de costumbre y que esa gira te recuerde en cada concierto lo que has sido y lo que has vivido y lo que has bebido.

11 de junio de 2010

Cuenta conmigo.

Nunca he sido el número uno. Nosotros somos dos y a tu salud, me he tomado tres cervezas. Dejamos escapar en una sóla noche cuatro autobuses, cinco trenes y vimos despegar seis aviones. Hubo siete veces en las que nos olvidamos de pronunciar las ocho letras que necesitábamos. Y que nos salvarían. Tu solías vestir el número nueve en el campo de juego, y jamás nos pusieron un diez en la asignatura que inventamos. Suspendimos igual que las once pestañas vivían suspendidas de tus párpados. Me comí doce pasteles y apagué trece velas en mi último cumpleaños porque me dejaste sin resparación. Y no es por echar o no la culpa ni a ti ni a un estúpido número, pero es cierto que he tenido catorce días de mala suerte. Se me cayeron quince lágrimas mientras veía dieciseis letras duplicadas irse dando diecisiete vueltas por el retrete. Gasté dieciocho tiritas en ocultar las heridas que dejaste en mi, y cada una se despegó diecinueve veces recordándome que al final te quiero o te odio y que estarás, invitablemente, en mi veinte cumpleaños. Que estarás cuando cumpla los veintiuno y los veintidós. Y puede que cada vez que aparezcas me dejes sin respiración veintitrés segundos, los suficientes como para morir veinticuatro veces en tus veinticico abrazos. Llevo veintiseis días sin verte, y he roto veintisiete relaciones esperando al menos veintiocho llamadas tuyas. Me siento como si tuviera veintinueve, y sentada, esperara la crisis de los treinta. He comprado treinta y una tarrinas de helado, para que los treinta y dos días de calor sin ti se me pasen rápido; y tengo preparados treinta y tres disfraces para dejarme la piel cada noche. Quiero conocer treinta y cuatro camas, sin ser yo, y darme cuenta treinta y cinco veces que me faltas al lado cuando me levanto. Pero me engañaré treinta y seis veces, y en cada beso número treinta y siete, te odiaré con la fuerza del número treinta y ocho. La fuerza de la madurez y la pesadez de pensar en ti treinta y nueve veces al día y siempre que el reloj digital marca el número cuarenta en cualquiera de sus dígitos. Te puedo regalar cuarenta y una palabras y olvidar las demás. Pero al menos cuarenta y dos de las que restan me parecen indispensables, como las cuarenta y tres sonrisas que te robé y los cuarenta y cuatro momentos a tu lado recogidos en papel fotográfico. Apareciste un cuarenta y cinco de Agosto y te irás cuarenta y seis años después, con cuarenta y siete arrugas en la cara y cuarenta y ocho punzadas en el corazón. Y solo te seguirán los cuarenta y nueve trozos de papel de tus cartas rotas, las cincuenta zancadas que daba para llegar a tu portal y los cincuenta y un "te voy a echar de menos" que mi ego elevado a cincuenta y dos jamás me haya dejado pronunciar.

24 de mayo de 2010

LOST. "The end"


Ahora ya son normales las islas con desfase temporal, los osos polares en mitad de la selva, los saltos en el tiempo, las bolsas de electromagnetismo, las teclas que hay que pulsar cada 108 minutos, las escotillas, los templos, el agua que resucita a los muertos, o los muertos que se hacen niños y queman sus propias cenizas. Los números 4 8 15 16 23 42 ya no son solo números, y el nombre de Jacob ya no se pronuncia en vano. Ya no me asustaré si mi avión amenaza con estrellarse, o si la isla en la que estoy desaparece delante de mis ojos. Recordaré si algún día mi avión es el vuelo 815 o el 316; si aterrizo en LAX. Sawyer, Charlie, Jack, Desmond, Kate, Hugo, Claire, Locke, Boone, Shannon, Sayid, Julliette, Bernard, Rose, Faraday, Benjamin, Lapidus, Richard, Sun, Jin, Eko, Penny, Miles, Alex, Danielle, Walt, Aaron, Libby, Ana Lucía, Charlotte... ya no son sólo nombres, han sido historia. Aún recuerdo el maratón "perdido" que hizo cuatroº hace poco más de un año, y de ahí, siempre algún nuevo capítulo descargándose, y entre tanto preguntas una y otra vez, sin respuesta. Los "quiero llegar a casa para ver LOST", "¿has visto ya el siguiente capítulo?" o el "¿vemos el siguiente, verdad?" a la hora que sea, han marcado todo un verano. Hace poco se me estaba haciendo eterno el tiempo de espera para la sexta y última temporada, y ¡oh!¡mierda! esta mañana ya había terminado la trama de vidas que se cruzan y enredan en una isla, cuanto menos, singular. Quizá no sea la mejor serie del mundo, la mejor producción en cuanto a pantalla  pequeña se trata (aunque no se queda corta), pero si algo me ha gustado de todo ese mundo que ha creado, es que ha revolucionado todo. El concepto del bien y el mal se ha disuelto; las relaciones personales se han tornado en principales y realmente las respuestas científicas hoy sobraban. ¿De verdad importa qué narices era la isla o esa luz?. Ni siquiera Jacob era un Dios, ni el humo negro el mal del mundo que se podía extender. Eran personas. Y ni Jack era un héroe ni Locke un ser bendecido por gracia divina al tocar la isla. Y Sawyer no terminó por ser el antihéroe, el rebelde sin causa. En todos hay blanco y negro. Todos se equivocaron alguna vez y hasta la persona más de ciencias acabó por creer. Si por algo aplaudo hoy a los guionistas de LOST es por haber demostrado que se pueden crear personajes rompiendo los moldes que nosotros hemos creado... ¡cuántas teorías demostrando quien era el bueno y quien era el malo!. ¿Para qué?. Añun recuerdo a todos los que decían que "Benjamin Linus es el mejor malo de la historia", para luego demostrarnos que nunca supo cómo manejar ninguna situación. Que sobrevivió a base de coincidencias y que hasta él tenía miedo. Las personas somos grises, y lo bueno es que en algún momento nos hemos podido sentir identificados con cualquiera de los personajes. Todos odiamos, todos tenemos ganas de gritar, todos lloramos, sufrimos, somos egoístas o en un momento lo damos todo por los demás. Las experiencias nos marcan y los flashback nos demostraron el por qué de distintas acciones. Charlie no era un rockero drogadicto sin más, él entró en las drogas sin querer hacerlo y toda su debilidad le arrastró a un bucle del que consiguió salir. Lo bueno de la tonalidad gris, es que puede tender al negro o al blanco, porque si algo hacemos todos, es amar. Y sí, el final, lejos de grandes efectos especiales, peleas al borde de acantilados, sacrificio, a estado marcado por eso, por el amor. Sinceramente, desde la primera temporada hasta la última los guionistas han sido capaces de darnos dos lecciones. La primera es que no podemos juzgar a nadie sin conocer los motivos y los miedos que le arrastran, y otra es que el amor mueve mares, océanos, islas... Somos capaces de morir por amor, por amistad... Somos capaces de matar. Los seres humanos somos complicados, ¿para qué negarlo? y creo que ese es el motivo de que sea una serie dificil de explicar y tan fácil de sentir. De que hay algo más que guiones fantásticos sobre islas sin dibujar en los mapas.
"See you in another life brother".

23 de mayo de 2010

Nunca tuvimos una canción favorita. Ni un libro, ni una película, ni un sabor, ni un olor. No quedan días de lluvía y hoy no había mermelada en la nevera. Quise olvidar todo y olvidé qué había olvidar. ¡Mierda! Es cierto que alguna vez perdí la cabeza. Las ganas, el miedo y el corazón. No queda nada y nos olvidamos de guardar en un bote de judías: las gotas de sudor, las de la lluvia, y las lágrimas. De guardar en cloroformo las pestañas, los suspiros y las tiritas que nos arrancaron un trozo de nosotros. De mi. De ti. Del tiempo. Y hoy hace calor. En la cama, en el parque, en la estación, en la cocina... Calor sin ti y ya no sé ponerte nombre, mote, seudónimo. Hoy no se veía la televisión y ninguna canción me consuela o me recuerda. He olvidado hasta qué grupos me hicieron sonreír, gritar, cantar y que me doliera la garganta. No sé ni qué serie podría ver para matar el tiempo. He olvidado que nosotros matabamos ilusiones, rompiamos colchones y saltábamos en los charcos. Corríamos detrás de todo y delante de la policía. No sé quien soy. Qué narices fui. Qué cojones seré. Tengo miedo del tic tac de los relojes, de la palabra "nunca", de que aparezcas y no sepamos qué hacer, decir o besar. Me desgastaste. Me doliste. Me arrancaste. Solo recuerdo que tiré el corazón a un contenedor cuando salí corriendo detrás de ti. Y no sé en qué calle fue, en qué esquina o en qué callejón. No sé ni dónde te conocí. Ya no sé ni dónde te besé para quedarme pegada a ti. Ni que canción poner para recordarte, para saber quien fuiste o quien serás, porque nunca dijimos: "Esta es nuestra canción". Ni tampoco sé si esa frase no es más que una leyenda urbana y yo soy una imbécil crédula. Que aún tiene fe en el amor. En amor que desgarra, que duele y que arranca corazones.

18 de mayo de 2010

formspring.me

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17 de mayo de 2010

Universimad. "La música es de las pocas cosas que pueden arreglar un mal día".

Hace poco leí en algún sitio que un disco no es bueno o malo. Que no se puede juzgar la calidad de un proceso productivo sin considerar los motivos, el momento personal que atraviesa el compositor a la hora de escribir y nadie puede entrar en la piel de nadie a la hora de escuchar un cd. Sé que es muy precipitado asignar la corona de "mejor disco del año" a cualquier grupo cuando aún no hemos atravesado siquiera el ecuador del 2010, cierto. Pero una cosa tengo clara, "Universal" de La Habitación Roja ha puesto el listón muy alto. Aún no sé por qué busqué en Spotify el nombre del grupo. Creo que tenía una espinita clavada y que a pesar de que en menos de un mes les he conseguido hacer un pequeño hueco a sus canciones y aunque supiera a poco, ya los he podido ver en directo, aún la espina sigue ahí. La habitación roja siempre ha sido un grupo que han estado, que alguna vez me podía sorprender tarareando alguna melodía de su amplía discografía, y que sin embargo nunca me había parado a escucharlos de verdad. Creo que la espina ahora se ha clavado más por la rabia de no haberlo hecho antes que por el hecho de que el sábado me supiera a poco su fugaz paso por el escenario del Universimad. Rabia, una vez más de no haber podido saborear más momentos con su música como banda sonora. Hay una expresión que últimamente uso mucho, y que me hace sonreír siempre que lo hago. Es un grupo que me ha volado la cabeza. Y si sonrío es porque es cada vez más dificil que me pase. Y ellos no sólo me han volado la cabeza con el último disco, lo han hecho con "Cuando ya no quede nada", "Nuevos tiempos", del que descubrí alguna canción borrando música de mi antiguo mp4, y sé que lo irán haciendo a medida que me vaya haciendo con toda su discografía. En parte es gracioso descubrir un grupo tarde. Te puedes empapar de toda una evolución en solo una tarde y sonreír al comparar canciones antiguas y nuevas. No he escrito todo esto sólo para vender "Universal" como el mejor disco del 2010, puede que en Diciembre ya no piense igual, pero quizá entonces yo ya no sienta igual y no tenga la necesidad de cantar que "Voy a hacerte recordar, lo que no quieres ser, lo que eres sin querer, lo que ya no podrás hacer, voy a hacerte recordar, lo que ya no será lo que ya no tendrás lo que ya no podrás tener. Dormir bajo un cielo estrellado y sincero,regalarte el mundo entero ser el único, el primero..." y tampoco llore cuando suene que "quiero saber si es verdad que dijiste que yo...que yo nunca fui especial, tan solo alguien más con quien poder matar el tiempo y tu soledad...". Volvemos al principio. Un disco no es malo ni bueno, simplemente son canciones que vuelan y a veces tocan corazones sensibles que son capaces de hacerlas suyas y yo ahora he dado con mi motín personal. Una discografía entera llena de canciones que me hacen temblar con acordes que son especiales y letras que son poesía y que muchas veces dicen lo que yo no me atrevo a decir. "Te lo volveré a repetir: Te quiero, te quiero, te quiero así, yo te quiero así..."

Cuando los presentaron antes de salir al universimad, dijeron que "saboreaban uno de los mejores momentos", y yo me alegré por ellos como si los hubiera seguido del principio. No es cierto, pero tengo ganas de hacerlo hasta el final. Fue bonito ver cómo animaron aquello, cómo la gente corrió para estar más cerca del escenario y cómo nos hicieron disfrutar. Es cierto que fue agridulce ver cómo les quitaban las guitarras literalmente y les echaban del escenario cuando aún les quedaban dos temas por tocar, y que uno de ellos fuera cajas tristes. Pero el balance fue positivo y quizá solo fue un aperitivo para lo que vendrá a partir de ahora. Aperitivo que sirvió para ver cómo se desenvuelven ahí arriba, y ver la conexión que crean con el público. Las sonrisas que regalan a pesar de llegar cansados de un concierto en León la noche anterior. Ellos fueron los que animaron aquello en las primeras horas de la mañana, aún con nubes sobre nosotros y que rara vez dejaban que el sol se asomara.
Fue con The Righ Ons cuando realmente lo hizo. Cuando el sol quiso salir de una vez. Y fue toda una sorpresa (y no sólo meteorológica) esos chicos que estaban en el escenario disfrutando y que hicieron disfrutar a un recinto que empezaba a llenarse. Me sorprendieron para bien. Me hicieron disfrutar y con sólo conocer su nombre por el cartel del Low Cost, al final terminé coreando algún verso de alguna canción como eso que dice "Take it easy". Aunque no me atrevo a calificar a un grupo en la primera escucha, si me atrevo a hacerlo cuando los veo en direco, y si hay una palabra que los pueda definir es espectáculo. Me hicieron reír, saltar y ahora no dejan de sonar. Tienen energía y saben trasmitirla. Son uno de esos grupos que necesitas escuchar antes de irte de fiesta una noche, mientras te arreglas y das saltos por tu casa. Son alegres, su música es alegre, y su directo es alegre. Hace poco lo comentaba con una amiga: "es más fácil hacer canciones tristes que alegres", y la mayoría de los que intentan hacer canciones del segundo tipo, la cagan. The Right Ons me demostraron que no. Que se pueden hacer canciones alegres y buenas de forma natural y sencilla y que se puede disfrutar tanto debajo como encima del escenario de la misma manera con esas cosas a las que llamamos canciones.

No sólo de grupos consagrados va la historia del Universimad, realmente lo mejor de todo es que se de la oportunidad de subir a ese escenario a grupos que siguen picando día tras día e ilusión tras ilusión el muro que ahora se presenta en el mundo de la música. Aunque a veces no es cierto que sólo haya ilusión, sino que a veces hay la parte negativa, la desilusión. Y no sólo por ellos, sino por aquellos que creemos en esos grupos que siguen ahí y lo intentan una y otra vez. Personalmente, tengo que hablar de Apnea y no sólo por el hecho de que vengan del mismo sitio del que vengo yo, de Aranjuez. Es por el hecho de que son buenos y que al menos uno de los premios que se repartieron el otro día debía de haber sido para ellos. Y puede que yo no sea objetiva y que no prestara atención a esos que se llevaron tres premios de cuatro, Chicomalo, ni a los que se llevaron el primer premio, Naive, pero presté atención a la hora de repatir los premios y me pareció injusta la forma de hacerlo. Da igual, al final, aunque el sabor fuera agridulce otra vez, yo me quedo con el tiempo en que tuvieron a todos a sus pies, aunque fuera poco, y con las tres canciones que pudieron tocar y que, como presentación de lo que será su segundo álbum, dieron a conocer que tienen ganas de seguir ahí, y que la música no muere. Ni las ganas. Ni la ilusión.

Al final, con el ritmo de Lula en los oídos, nos fuimos de allí, con un puñado de buenas canciones, momentos y con ganas de repetir.

pd. gracias a Cass por dejarme usar las fotos y por venir y sacarme de ese encierro estudiantil que me está alejando del rock por un mes! arg. universimad'11 nos espera jajaja.
pd2. El viernes 4 de Junio Apnea estarán tocando en la sala Moby Dick de Madrid. Yo imagino que ese día estaré en la "ciudad del Rock" viendo a Bon Jovi, John Mayer y Pereza. Y me da rabia, pero si alguien no tiene plan... yo iría.

10 de abril de 2010

Cuando los hombres escupen al suelo, se escupen a sí mismos.

Durante dos horas Madrid ha quedado muerto. Es cierto que estoy lejos, pero sé que mientras escribo estas líneas, la Gran Vía palpita en paz sin el tumulto que acostumbra haber sobre ella. Sé que al menos uno de los conductores de metro que en este momento aún no ha acabado su turno, maldice una y otra vez que, en el esqueleto interno de una gran ciudad orgullosa de su tecnología y progreso, aún no se pueda escuchar la radio, ni siquiera tener cobertura. Los bares rebosan, sí, de ilusión, pero también de odio hacia unos iguales, de furia y rabia, porque sí, el Real Madrid pierde. El Barça gana, y con un maldito balón entrando entre dos palos y siendo atrapado en una red, la gente también gana. Orgullo y un sentimiento detestable de creerse más que otro igual. Me parece increíble que un deporte, sin entrar en la idiotez o no de correr detrás de un balón, pueda generar tantas cosas negativas. Y sí, sé que genera otras tantas positivas, que no hay lo uno sin lo otro... pero ¿qué quereis? tanta rivalidad solo genera odio, y hace tiempo que me negué a aprender a odiar.
Estoy triste porque mientras la gente se enfunda en una bufanda o en una bandera y grita en un bar o en un estadio, hay gente que muere en guerras por ideales igual de estúpidos que un maldito equipo de fútbol que trafica con tal cantidad de dinero que podría acabar con el hambre en el mundo. Vivimos en tal contradicción, que a veces duele pensar, o simplemente escuchar a todos los que no pueden sonreír cuando sale el sol. Duele tanto, que a veces es mejor cerrar los ojos y huír...

8 de abril de 2010

love is.


















"When we fall in love, we're just falling in love with ourselves. We're spiralling"...

26 de marzo de 2010

es una historia que se escribe en los portales.

Somos cada uno de los trenes que perdimos y cada uno de los trenes que nos llevaron a todos los lugares en los que dejamos algo de nosotros. Sí, nos vamos perdiendo en cada lugar que pisamos, en cada bar en el que bailamos y en las botellas en las que ahogamos las horas muertas. Y sí, a medida que perdemos, ganamos historias que contar. Historias que hablan de todos los que alguna vez nos miraron, nos sonrieron, nos besaron, nos abrazaron. Que hablan de todos los días en los que tuve ganas de ti, de los días en que tuve ganas de un abrazo o de una botella, o de perderme hasta que ni siquiera fuera capaz de encontrarme o de que me encontraras. Somos cada uno de esos días que recordamos, y los que no. Los que marcaron a base de heridas y nos forjaron con una personalidad. Severa, dura, cariñosa… Somos diferentes y sin embargo todos tenemos algo de nosotros en aquellos billetes de metro que guardamos con la delicadeza del que guarda un amor. Tenemos algo de nosotros en las entradas de los conciertos que esperamos con la ilusión de niño infantil. En los libros que nos hicieron temblar y en esas palabras que alguna vez escribimos con el corazón en la mano. Somos aquella vieja cámara de fotos con carrete que usamos y tiramos, que nos despertó la curiosidad y las ganas inquietas, las heridas en la rodilla y las horas de patio traducidas en tardes que sabían a nocilla y caramelos. Hasta nuestros ídolos se llevaron parte de nosotros, de nuestro tiempo y nuestro cariño. Y a veces esos ídolos no están en televisión. Nos vamos perdiendo y nos vamos reinventando. Cogiendo nuevos trenes, coleccionando nuevas sonrisas y alimentando las ganas de no perderse. Ahora no… y el próximo tren esta a punto de partir. El próximo avión. Y a veces es bueno, partirse y repartirse, es bueno perderse en todas aquellas playas que nos empaparon de salitre, en todos aquellos vasos de café que mojaron nuestros labios y en aquellos pasos de peatones que a veces cruzamos corriendo. Somos ese rastro que hemos dejado en todas las calles en las que nuestros pantalones besaban el suelo, todas las sillas en las que nos hemos sentado, para hablar, para reír o descansar y todos los colchones en los que hemos dormido abrazados o no. Te llevaste parte de mi en cada beso que te di, en cada abrazo, en cada café que compartimos, en cada cerveza, en cada noche, en cada madrugada, en cada palabra, en cada sonrisa, en cada llamada, en cada grito, en cada mirada… y después de todo, creí que no era nadie. Me vaciaste. Y sí, me tuve que reinventar y aprendí que mientras yo te daba, tu me devolvías, y ahora yo soy tu, tu eres yo, y te voy perdiendo en otros brazos, en otro labios y en otros vasos. Perdemos y ganamos historias que contar…

4 de marzo de 2010

¿no ves que hay una luz en el fondo de mi corazón?.

Si estuvieras aquí al despertar, te puedo asegurar que todo podría ser más llevadero. No mejor, pero al menos tendría ese hombro contra el que derrumbarme y encajar las terminaciones de mis labios, mi nariz y mis pestañas en tu piel. Tu piel, haciendo de cojín y tus brazos de manta. "Abrígame con poros de tu piel". No paro de cantarlo y a veces siento que no te quieres dar cuenta de que cada palabra de cada canción ahora toma la forma de los túneles de metro. Del cielo de Madrid. Y de tu sonrisa.
Y no te quieres dar cuenta de que me muero por dormir dentro de tí. No te quieres dar cuenta de que me muero porque me despierte tu aliento en el oído y tus manos corriendo por mi espalda dibujando arte en minúscula.
Estoy cansada de los pasos, de dejar que todo siga su camino y de un "si tiene que suceder, sucederá". Y ya no sé si plantarme delante de ti con un cartel de luces de neón que rece un "Te quiero". En mi cama o en la tuya. Que quiero perderme en tu pelo y encontrarme en tus labios, en tus manos y con su ayuda trazar el mapa de tus venas y arterias, hasta llegar al corazón y notarlo con el oído tan pegado a tí, que el sonido me atormente. Me de miedo y te abrace hasta clavarme tus costillas en los antebrazos.
Nadie me ha enseñado lo que se siente cuando se quiere, y nunca creí que nos nacieran mariposas en la barriga en esa época, que ahora dicen que siempre se acaba. Y a veces me pregunto si no he estado equivocada y encima nunca te he querido, o no sé expresarlo... y punto. Y el que no te quieras dar cuenta sea un "no te das cuenta porque no hay nada".
No. ¿Sabes lo que pasa? Que intento escribir cualquier cosa, y siempre sales tu. Y tengo que volver a etiquetarlo con asterisco porque ya no sé como coño se llama lo nuestro si alguna vez ha habido algo más.

Y no te asustes si un día aparezco con ese cartel en luces de neón.